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Un ejemplo del absurdo del racismo

He leído en un blog un artículo sobre una niña de padres blancos que nació negra por los caprichos de la genética en la Sudáfrica del Apartheid. La historia se titula “La niña que ridiculizó al Apartheid”.

La historia narra las desventuras de la niña, primero en el seno familiar ya que se le sometía a todo tipo de pruebas para aclarar su piel o para disimular su color. Y después llegarón las torturas sociales y morales: fue expulsada del colegio y casi enviada a un gueto para negros, ya adulta acabó viviendo en uno de estos guetos y separada de sus hijos.

Esta historia narra las vivencias de un ser humano. Porque al final, la niña sólo era eso, una niña, hija y luego madre. Porque eso es lo que somos, seres humanos.

Padecemos del mismo modo, somos hijos y queremos a nuestros padres, somo padres y queremos a nuestros hijos, independientemente del color de unos u otros, de sus creencias o su sexualidad. El amor es el amor, y es una condición innata al ser humano.

Todas nuestras limitaciones e intolerancias, lo único que frenan es nuestra capacidad de dar y recibir amor. Nos hace seres humanos incompletos.

Esta historia nos revela como tanto la niña como los padres se sumieron en la infelicidad y cómo el padre es condenado por ver el color y no a su hija. ¿No hubiesen sido más felices de haber obviado el color? En esa época era difícil, sí, pero es una evidencia más de que el apartheid y todo tipo de racismo es un absurdo. Un absurdo que impide la felicidad.

Y si no me equivoco, la felicidad es el objetivo de nuestra existencia. Si no somos felices, nuestro paso carece de sentido. La felicidad ha de guiarnos y las intolerancias nos la limitan.

¿Cuantos han sufrido por padecer el racismo a lo largo de la historia? La cifra es incalculable y vergonzante. Pero algo que lo hace más doloroso, más humillante, es que él que lo practica tampoco es que sea feliz por ello. A lo largo de su vida, sufren las consecuencias de esta tara, de su limitación mental, de su deshumanización y de su ignorancia.

Entonces, si todos sufrimos ¿De qué sirve el racismo?

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Los inmigrantes siempre en el punto de mira

Para la desgracia del ser humano, hoy vuelve a ser noticia la desidia, la crudeza de personas contra personas sólo por el hecho de ser de otro país, de otra raza. La inmigración, la única vía que tienen las personas en sus propias manos para salir de la extrema pobreza, vuelve a ser juzgada, vapuleada una vez más en la historia.

Italia y Sudáfrica están bajo las armas de la xenofobia.

En Sudáfrica, los pobres están castigando a los inmigrantes por sus problemas. Tal y como hacemos en occidente. Resulta, pues, que es un mal universal, ese de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. ¿Por qué todos los pueblos cuando su economía está en crisis acusan al débil, al inmigrante? Es el poder de la ignorancia, la respuesta fácil de unos y la respuesta envenenada de otros que quieren aprovecharse políticamente del discurso. ¿Por qué no hay análisis profundos? Esos que miran su ombligo, que ven los fallos de su estructura social, las fugas de su economía, su debilidad como Estado. No entiendo que la gente sea capaz de matar por problemas económicos y responsabilizar a otros de sus problemas, cuando la única solución del paro, de la criminalidad, la tienen ellos mismos en sus manos, especialmente en países democráticos.

No entiendo que los sudafricanos hayan sido capaces de perseguir y matar a otros seres humanos por ser inmigrantes, por haber nacido en países vecinos. Me duele el alma al pensar que no han aprendido nada en el transcurso de los años. El pueblo que sufrió el apartheid es capaz de reproducirlo en otras carnes. ¿Donde está su memoria histórica? ¡Les está ocurriendo lo mismo que a los judíos de Israel! ¿Cómo es posible? No entiendo al ser humano, de verdad, ¿porque tropezamos incesantemente con la misma piedra?

El poder de la palabra es capaz de tanto bien pero también de tanto mal. Es utilizada en medio mundo para convencernos del mal de la inmigración. También en Italia. Mientras el gobierno sudafricano intenta calmar a los inmigrantes y protegerlos en Iglesias y comisarías, el gobierno italiano enciende con palabras los ánimos.

En Sudáfrica son inmigrantes legales e ilegales, en Italia son gitanos rumanos. Da igual de donde sean o de que raza sean, lo importante es que son seres humanos.

El caso de Italia también se las trae. Dentro de Europa sorprenden estos ataques xenófobos, las pocas represiones de estos ataques y las políticas migratorias que quieren cargarse de un plumazo la libertad de circulación de personas en el espacio Schengen de la UE. Espero que alguien le frene los pies a Berlusconi y a los italianos que le votaron. Deben entender que “esos gitanos rumanos que tanto les molestan” son en primer lugar ciudadanos europeos y en segundo lugar y primordial, son personas.

¿Que nos pasa al ser humano? Llego a pensar que la canción de Ricardo Arjona que dice que ser humano rima con tirano y Tierra rima con guerra, puede ser la triste, dura pero pura realidad. O ¿es qué nos hemos vuelto todos locos?

De verdad, no se me ocurre ninguna solución. Ya, ya sé que si la tuviera sería Premio Nóbel de la paz o algo similar. A lo que me refiero es que por más que doy vueltas al asunto, no llego a ninguna conclusión razonable, sólo miles de ideas como estas, que van de un lado a otro sin un destino claro.

Me duele como persona, como ser humano, que no exista la empatía. La necesidad de dejarlo todo, tu casa, tu familia, tus amigos, tus raíces por sobrevivir, por comer y dar de comer a tus hijos debe ser por sí sola merecedora del reconocimiento de la sociedad que los acoge. Deben ser nuestros grandes héroes, con su sudor colaboran a hacer un mundo mejor, al desarrollo de sus países y al ahorro de nuestros bolsillos ya que ahorran dinero a nuestro Gobierno en ayudas al desarrollo, contribuyen a aumentar las arcas del Estado y a que nuestros índices de natalidad crezcan.

Hagamos una pequeña reflexión: ¿somos mejores por haber nacido en un lugar determinado?, algo que nosotros no decidimos; ¿somos mejores por ser de una raza o de otra, por tener trabajo, por tener más o menos dinero?. Los seres humanos nacemos todos de la misma manera, crecemos, vivimos y morimos ¿Por qué no somos iguales? ¿Por qué no sentimos compasión por nosotros mismos? ¿Por qué no nos ayudamos? Por favor, que en la respuesta individual de cada uno no aparezca la palabra dinero.