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El mundo no se paró ayer

Ayer jugó España la final de la Eurocopa y ganó. Ganó y España se volvió loca. La gente chillando, cantando, … Los coches pitaban, los niños se acostaron tarde. Ayer a las 11.30 de la noche, el país estaba paralizado.

El futbol como causa común para miles y miles de ciudadanos. Aunque os parezca increíble, me avergoncé. No penséis que quería que ganase Alemania, ni mucho menos, ya dije en una ocasión, que, a veces, la tierra tira tanto, tanto que te vuelves algo irracional. Jugaron muy bien y merecían ganar, pero las cosas de la tierra hacen que aunque hubiesen jugado de culo, hubiese preferido que ganasen.

Para muchos esto es un sentimiento normal, pero racionalmente es totalmente anormal. Lo mejor en un deporte es que gane el mejor, pero la tierra tira, arrastra y le hace volverse a uno ilógico, incoherente con lo que dice o piensa.

Yo soy de esas. Me considero ciudadana en el mundo, odio los nacionalismos, las banderas, las fronteras, pero a la hora de la verdad, mi corazoncito va y me traiciona, me vuelvo irracional y defiendo cosas que el cerebro no defendería.

Esto pasa con los deportes, la música y a mi, incluso con el cine. Pero bueno, soy humana y tengo debilidades.

Pero a pesar de este reconocimiento público, sigo sintiendo vergüenza de que ayer el país se paralizase. No me parece mal que la gente celebre, se alegre, se divierta y que esté en la calle, en definitiva, que paralice su vida normal por una causa. Esto es lo que yo siempre defiendo, y no me parece mal que el futbol consiga dicho logro. Lo que si me parte el alma es que sólo el futbol consiga superar el reto.

No entiendo que esto no lo provoque la directiva de la vergüenza, ni la jornada de 65 horas, ni el derroche energético de occidente, ni el hambre, ni la guerra… Nada, sólo el futbol.

Me imagino que será por la naturaleza egoísta del ser humano. En el futbol uno sale y no pierde nada, sólo gana.

En el resto de las causas, la reclamación supone una cesión en nuestro nivel de vida, una molestia. Una huelga supone un día de sueldo, el hambre se acaba cediendo nuestro nivel de vida, nuestros lujos y caprichos en pos del pan de otros. Lo mismo ocurre con el asunto de la crisis energética, todos nos quejamos de lo caro que va el petróleo pero seguimos utilizando el coche para ir a trabajar, a comprar, seguimos con el aire acondicionado desde las nueve de la mañana y la televisión apagada desde el mando. Para quejarnos valemos todos, pero para dar soluciones valen muy pocos.

Con los inmigrantes pasa aún peor. Aunque muchos ven que los países crecen con sus manos (los que lo ven), también ven que les quiten las plazas de colegio, las subvenciones o los pisos de bajo alquiler. Es una excusa perfecta para marginar, para criticar,… sin ser conscientes que las plazas de colegio, las becas, las subvenciones o los pisos de bajo alquiler deben ir a quien más los necesita, no a quien haya nacido aquí o allá.

Vivimos en sociedades que sólo nos dan derechos y ninguna obligación. Por lo que sólo nos movilizamos por aquello que no nos supone algo a cambio, ningún sacrificio. No estamos acostumbrados.

El futbol es agradecido. Si se gana se chilla, si se pierde, uno se calla y mañana será otro día. Y no me parece mal, si me parece mal que sea el opio del pueblo. El éxito de ayer, va a suponer que los medios no hablen de otra cosa en unos días, que la agenda real del mundo se quede de espaldas a este país, que no nos acordemos de la crisis, de las directivas, de nada más que del éxtasis de ser primeros.

Felicito al equipo que nos ha hecho soñar pero mis ojos van a seguir abiertos a pesar del champán y la juerga. Espero que unos cuantos sigamos atentos, que no cerremos nuestros ojos a la barbarie humana y que sigamos pidiendo con ahínco la movilización social, para el futbol, pero también para todo aquello que hace del planeta Tierra una pocilga sin limpiar. Hay mucho que hacer para que unos cuantos interesados nos hagan creer que el mundo se para porque hemos ganado la Eurocopa.

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