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La socialización de la bancarrota

El mundo se ha vuelto loco. El liberalismo ha reventado en nuestras narices. Llevaba años dando avisos, era una olla a presión y ya no hay vuelta atrás.

Las bolsas se desploman, los bancos se hunden y el paro aumenta. Y a nadie se le ocurre repensar el sistema, a nadie.

Y entonces, los políticos de medio mundo comienzan a actuar llevados por el pánico, por el «sálvese quien pueda» y «¡ay! ¡Que se nos acaba el chiringuito

Y vemos que empiezan las desmedidas. ¡Darles pasta publica a los bancos! Dinero de nuestros impuestos, de nuestro trabajo, soñando con que vaya a parar en asistencia social, va ahora al bolsillo de los mismos. Para que no se tiren ellos por la ventana (como en crack del 29), ya nos tiraremos los currantes. Don’t worry!! Ya estamos acostumbrados a jodernos.

Y empieza a hacerse evidente la doble moral y el recochineo.

Reino Unido, la cuna del liberalismo, de Adam Smith, de Margaret Thatcher, acaba de nacionalizar la banca. No están soñando. Han oído bien. Y nadie dice nada. Es cómo si llueve en octubre o nieva en enero. Nadie ha puesto el grito en el cielo.

Eso sí, ¿qué ocurre cuando lo hacen Chávez o Evo Morales? Son el eje del mal, del comunismo. Los populistas izquierdosos de América Latina que quieren cargarse la empresa privada y socializar el mercado.

Sólo hay que ver que medio mundo les odia. Nos han pintado a Chávez tan sumamente malo, que nada de ese loco te sorprende (no es un santo, pero como muchos otros). Nadie analiza el más allá. Y el más alla, es lo importante, sobre todo para el pueblo llano, para el currante.

La nacionalización de la banca inglesa viene en época de crisis, cuando el sistema hace aguas. El dinero público salva de la quiebra. Los obreros salvan el capital. Es duro muy duro, pero lo que ha hecho el gobierno británico es socializar la bancarrota. Que los ingleses paguen las deudas de los bancos. ¡¡¡Qué fácil!!! ¡¡Qué triste!! Los beneficios tienen nombres propios, están en manos privadas. Las deudas, ya no. ¡Qué más da que los grandes capitales hayan fracasado, que el sistema se quiebre, si nadie asume responsabilidades! Les lavamos los platos sucios, y que sigan «dándonos por el culo«.

Porque eso es lo que han hecho los directivos a los que el Plan Bush ha salvado el pellejo. «Ahora que tenemos las espaldas cubiertas, es hora de relajarse, nos vamos a un spa y nos gastamos más de medio millón de dólares«.

Y el mundo continúa. No hay ni un estadounidense en la calle, clamando contra el gobierno por pagarle spas millonarios a cuatro bandarras que han jodido la economía de un país mientras ellos tienen que pagarse de su propio bolsillo hasta una triste operación de apendicitis.

Y tampoco hay ingleses en la calle. ¿qué ocurre? ¡qué bien lo han hecho para jodernos y que encima pongamos una sonrisa de oreja a oreja!

Mientras, Venezuela, Bolivia y compañía siguen siendo los malvados. Ellos socializan las empresas que funcionan, las que dan beneficios. Beneficios para acción social, para intentar acabar con el analfabetismo, el hambre y la miseria. Pero eso, no!! Eso es perverso, es acabar con el mercado. Es acabar con ese mercado que también funciona.

Por favor, ¿donde está el principio de soberanía de la Carta de Derechos de Naciones Unidas? Seamos sensatos y defendamos la igualdad entre Estados para poder defender la igualdad entre seres humanos.

Los currantes, por lo menos nosotros, debemos ser conscientes de lo que ocurre. ¡Que no nos vendan que las nacionalizaciones de las empresas de gas, de petróleo, de cobre o tantas otras son el fin de la economía y no nos creamos que la socialización de la bancarrota es la panacea!

El sistema se hunde y hay pocas alternativas. Hoy más que nunca, nuestros ojos tienen que estar abiertos. Hoy más que nunca, debemos vigilar que hacen los gobiernos, vigilar que hacen las empresas, los bancos. Estemos atentos, aunque sea para que no engañen nuestra inteligencia.

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