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La cultura al lado de la memoria histórica

16, Junio 2008 · 7 comentarios

Me reconcome la cabeza el tema de la memoria histórica. Ya sé que es un tema recurrente en mis post pero, de veras, no puedo evitarlo. Es una espina clavada en el corazón de España, en la España de todos, aunque muchos no quieran reconocerlo.

Este fin de semana ha tenido lugar un mágico homenaje, en el que personalidades de la música y de la cultura, de ayer, de hoy y mañana han brindado un bello homenaje a los represaliados del franquismo.

Estuvieron muchos grandes de la música: Víctor Manuel, Ana Belén, Miguel Ríos, Aute,… También grandes actores de nuestro país: Pilar Bardem, Nuria Espert o Álvaro de Luna y nuevas caras como Fran Perea. Y por supuesto, los grandes de la literatura: José Saramago, Vicente Molina Foix, José Luis Sampedro o Manuel Rivas.

Vamos, la cultura es la única que se acuerda de aquellos que lucharon por mantener una España que nos hubiese llevado a otra historia diferente de la actual, una historia más democrática, más justa y donde las mujeres votaban. Ahora me dirán, pero nada respetuosa con la iglesia… Y el argumento para rebatir eso es histórico: era algo que pasó como fenómeno de rebeldía por el poder constante de la Iglesia Católica en España. Con el asentamiento de la II República, que no dejaron que llegase, hubiésemos superado esa fase y la Iglesia hubiese ocupado el lugar que le corresponde (ni más ni menos) en la sociedad.

Por desgracia eso no ocurrió y mentar a las víctimas de franquismo sigue estando mal mirado. Los actos de homenaje son cuatro y siempre vienen hechos de los mismos sectores de la sociedad. De esos músicos, actores o escritores que se enfrentan a la derecha constantemente, que defienden principios frente al Gobierno y reclaman cosas que el resto callamos. La cultura es parte activa de la sociedad. Muchos de sus representantes son miembros activos de la sociedad que se mueve, que reclama, que grita en defensa de la libertad y de lo social.

Cuando en España se huele a indiferencia, cuando el Gobierno actúa en consecuencia a los intereses de sus votantes (que demuestran poco lo que les importa lo que ocurre a su alrededor), aún quedan sectores vivos, y sectores que mueven masas, que son capaces de convencer como los actores, los músicos, los escritores… Menos mal que existen todavía estas conciencias.

Por el lado contrario: el Gobierno, los grandes políticos. Los actos de homenaje son pocos y poco mediatizados. El “que no se entere nadie” es la política a seguir y encima, en los que se dan tenemos a Bono con gesto serio impidiendo que se luzca la bandera república en el Congreso por no ser la legal. Yo entiendo el respeto a la corona, pero qué menos que permitirles un mínimo de protesta por el abandono, que mínimo que una bandera republicana que nos saque los colores…

La vergüenza que siente cierta izquierda por callar lo incallable es lo que hace que no puedan soportar mirar una bandera republicana. Mirar a otro lado siempre ha funcionado en nuestro país, también a la bandera del primer sistema democrático de España.

Gracias, muchas gracias a los que siguen homenajeando y haciendo de forma privada lo que la sociedad debería hacer de forma pública y conjunta. Gracias siempre a los mismos. Gracias a músicos, actores y escritores por seguir teniendo la conciencia encendida.

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¿Por qué no honramos a nuestros héroes?

1, Junio 2008 · 5 comentarios

Como lo prometido es deuda y además el tema es justo, hoy, desde aqui, mi reivindicación, mi protesta porque nuestro gobierno, nuestros intelectuales, el pueblo en sí, se ha olvidado de uno de nuestros héroes: Juan Ramón Jiménez.

Fue ilustre por muchísimas cosas, por sus poemas, su literatura… Ha sido uno de los pocos españoles con un premio Nobel en las manos.

¿Cómo es posible que no haya habido un sentido homenaje el 29 de mayo, 50 aniversario de su muerte? Uno de nuestros ilustres literatos, premio Nobel de Literatura, ha quedado tristemente en el olvido. ¿qué dice de nosotros como pueblo? Cualquier país se vuelca en sus personajes ilustres, históricos, pero no…

Parece ser que nos importan más las noticias sobre personajillos como Ana Obregón, Belen Esteban o Cayetano Martínez de Irujo que los personajes que han hecho avanzar a nuestro país, que nos colocarón en una posición prestigiosa en alguna de las artes o ciencias frente a otros países. Nadie se fija ya en aquellos que elevaron las letras al más alto nivel mundial.

Pero no homenajear a Juan Ramón Jiménez, ya no sólo no es no homenajear al Premio Nobel de 1956, es no homenajear a un de los tantos y tantos héroes de la II República y la Guerra Civil Española.

Al estallar la guerra se mantuvo fiel al bando repúblicano y mantuvo hasta su exilio una increible labor humanitaria con su mujer. Se encargarón de la recogida de huerfanos y al verse obligados a huir dejarón todos sus ahorros para el mantenimiento de dichos huerfanos.

Ni dicha importante labor, ni la culpabilidad de sentirnos en parte responsables de su exilio en Estados Unidos, Cuba y desde 1950 en Puerto Rico, hasta el día de su muerte hace 50 años, nos ha hecho plantearnos que le debemos algo, en su país, en su tierra, sólo para reconocerle lo que hizo por la literatura, por la humanidad, por darnos una gloria más a este país para seguir creyendo que en esta península nace un genio entre diez millones, o uno cada 40 o 50 años.

No sé si ha sido el exilio, sus ideas o nuestra dejadez como pueblo lo que nos han llevado a olvidarle pero independientemente del motivo, no tenemos excusa y es una muestra más de que estamos condenados al catetismo, a la ignorancia, al patetismo…

Desde aquí mi condena al gobierno, a los medios, a la élite cultural de nuestro país, a nosotros mismos como sociedad. No tenemos perdón por olvidar a un genio, a un premio Nobel, a un buen hombre, a una buena persona.

¿De verdad no creeís que es fundamental la memoría histórica para crecer como personas, como sociedad y como país?

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Otra razón más para la memoria histórica

29, Mayo 2008 · 4 comentarios

La maleta de Agustí Centelles y sus secretos es una razón más para exigir que haya una ley digna de la memoria histórica. Las vergüenzas españolas escondidas en una maleta, que se abrió en 1976 pero que no han supuesto nada. ¿cómo podemos seguir con nuestras vidas después de ver la verdad? Ya no pido que reclamemos los procesos de Chile, pero un mínimo de dignidad y de reconocimiento, ya no sólo a los muertos, si no a todos aquellos que vivieron con miedo durante cuarenta años.

Esta maleta y las miles que hubo y se perdieron son un ejemplo más de lo miserable que es meter la basura debajo de la alfombra.

No entiendo ni entederé jamás que los españoles solo miremos hacia delante, porque el que camina sin conocer sus pasos puede tropezar incesantemente.

Por la dignidad del pueblo español y de una verdadera ley sobre la memoria histórica.

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A todo cerdo le llega su San Martín

28, Mayo 2008 · No hay comentarios

Hoy Chile vive un día de gloria. Hoy el mundo es un poco mejor. No todo van a ser malas noticias. Chile es un ejemplo ha seguir. En los últimos 10 años ha hecho una cruzada contra su propia historia. En 10 años ha luchado por purgarse, por no sentirse culpable del pasado, por hacer justicia, por honrar a las victimas de la barbarie, las víctimas del Estado.

Si hace diez años me alegre inmensamente el dia en que Jack Straw detuvo a Pinochet y nuestro “heroe” de Garzón intentó hacer lo imposible, hoy no es para menos. 98 personas pertenecientes a la que fue la policía secreta de la dictadura pinochetistas (DINA) han sido detenidas para ser procesadas por la operación Colombo en la que intentaron esconder la muerte de 119 desaparecidos.

Es una casualidad increible, 1998-2008. Fechas que el pueblo chileno no debe olvidar. Puede que no acaben en la carcel, como pasó con Pinochet, pero lo importante es el reconocimiento de culpabilidad. Que el gobierno democrático de Chile ponga todo en su empeño en reconocer lo sucedido y hacer justicia es un paso valiente que muy pocos países se atreven a llevar a cabo.

España es un ejemplo de todo lo contrario. Aqui medio parlamento tiembla sólo por hablar de memoria histórica. Han pasado más de 30 años desde la muerte de Franco y hoy seguimos con el mismo miedo. Nadie se atreve a mentar nada de lo ocurrido. Se habla de dictadura pero no de crímenes. Nadie se sentará nunca en un banquillo, ni será ni siquiera sospechoso de crímenes de la humanidad. Aún es más, muchos de los verdugos han ocupado hasta hace poco cargos públicos y se les llena la boca hablando de democracia con tal de que nadie les recuerde su pasado.

Y lo peor, la sociedad parece aceptarlos sin remilgos. Pocos son los que reclaman justicia y estos pocos son acusados de “querer remover la mierda, de querer enfrentar a los españoles, de abrir las dos Españas“. ¿Y no será que todo esto es necesario para seguir adelante? Todo lo que ocurre en España políticamente tiene que ver con este echar barro para tapar los agujeros. Todo, cada día, desde el fracaso de IU en las elecciones a las broncas de PP. Ya lo he dicho otras veces, pero no puedo evitar repetirlo. Mientras no sigamos el ejemplo chileno, nuestra sociedad seguirá inmadura. Estamos acostumbrados a callar para que no haya enfrentamientos, para que no nos miren mal. No sé porque somos un pueblo con tantos complejos.

¿De verdad que alguien cree que por tener una ley de memoria histórica digna (no la que tenemos ahora, que aunque algo es algo, esta a mitad de camino de lo mínimamente justo) se iba a producir una guerra civil? Tantos miedos son los que nos paralizan que provocan que un país como Chile nos de lecciones de humanidad, de justicia y, aunque nos joda, también de democracia.

A todo cerdo le llegua su San Martín, aunque sea al final de sus vidas. No creo en un Dios justiciero, pero sí en que las personas acaban quedándose por lo que son y que en una gran cantidad de ocasiones son condenadas por la ley. Aunque en España empiezo a dudar que esto pase, ni quedan por lo que son, ni son juzgados (ya no digo por la Justicia sino por la sociedad), aún es más, son figuras importantes, reconocidas y que son tomadas en cuenta.

Cuanto dolor ha sido hoy calmado en Chile, y cuanto dolor escondido queda aún en nuestro país. Hoy Chile y el gobierno de Michelle Bachelet han dado un ejemplo al mundo, un paso al crecimiento en nuestra humanidad. Gracias por darnos un espejo en el que mirarnos.

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De mayo del 68 a mayo de 2008

20, Mayo 2008 · 2 comentarios

Aunque sé que estaréis cansados de oír y leer sobre mayo del 68 y su cuarenta aniversario, lo siento, dedicarle un post, justo ahora en mayo, es para mi una obligación.

Toda mi vida he vivido emocionada por las historietas de mayo del 68, las revoluciones en Latinoamérica, Paris, el black power y la primavera de Praga. Tuve mis primeros contactos en el instituto, mi adolescencia pasó entre libros y música sobre la fecha. Me encantaba repasar la historia y fue un diez sonoro en mis notas al llegar al tema.

Crecí leyendo biografías del Che, sobre las protestas de los estudiantes estadounidenses o sobre las primeras revueltas en la universidades españolas contra el franquismo, escuchando a Raimon, Labordeta o Paco Ibáñez en el Olimpia, y por supuesto, “Blowing in the wind” de Bob Dylan.

Sentí envidia de los jóvenes que corrieron por las calles de medio mundo, quería haber sido universitaria en La Sorbona, en Berkley y aunque suene duro también en México, Praga y Varsovia (con 16 años no pensaba que podría haber muerto en esos casos).

Quería la acción, la lucha por los derechos. Con 16 años creía que el mundo estaba parado, que se movió aquel mayo y desde entonces se había quedado quieto. Ahora que recuerdo, era 1998 cuando yo vivía en ese dilema revolucionario (casualidades del destino). Ahora que veo con perspectiva, soy consciente de que el mundo se ha movido, que cayó el muro de Berlín, que acabó la guerra de Vietnam y que ahora hay residencias mixtas universitarias en una gran parte del mundo.

Pero una parte de mi tiene ese mismo sentimiento. Veo injusticias día a día, en todos los lugares del mundo, desde Australia a España, desde Occidente a Oriente, del Primer al Tercer Mundo, y pocos son los que salen a la calle, los que se mueven, los que gritan.

Ya no siento esa nostalgia por lo no vivido pero siento esa punzada en el corazón por ver que las universidades no son lo que eran, porque ya no hay grandes movimientos.

Todos los movimientos del 68, los de Estados Unidos (black power y protestas contra la guerra de Vietnam), los de Francia, la primavera de Praga, y la revuelta de Tlatelolco, todos tuvieron su origen en los universitarios. Fueron los que se organizaron, salieron a la calle, gritaron, soñaron y a los que torturaron.

Esto es lo que más dolor me causa. Los universitarios de hoy tan apenas salen a la calle, desde Estados Unidos a China, todos asumen el poder establecido, lo respetan sin cuestionarse nada o por lo menos sin hacerlo público. Tienen mucho poder y así lo demostraron hace 40 años pero nos acallaron aquel mayo, parece ser que para siempre.

Hace días que veo la Universidad parada, parece que una gran parte de los estudiantes son incapaces de movilizarse por algo más que la prohibición del botellón. Las asociaciones universitarias cuentan a sus afiliados por decenas, pocas pasan la centena y para conseguir seguidores debes defender prácticas en empresas y no ideas.

Parece que el sentimiento individual ha ganado a la colectividad. El egoísmo de las sociedades liberales ha ganado la batalla al socialismo (al real no al soviético, ni otros). Lo social está en segundo plano y en días como hoy me hace sentirme, otra vez, con 16 años, con ganas de comerme el mundo pero con impotencia por la soledad, me parece que solo estoy yo, más cuatro gatos. Esta vez, lo que me consuela, es que cuento con mi blog y con quien me lea para decirme que no estoy sola, que aún hay gente que quiere darle la vuelta a este mundo al revés en el que no hemos aprendido nada.

Aquel mayo del 68, los jóvenes salieron a las calles del mundo para rechazar las dos formas de poder. Por un lado gritaban contra el liberalismo, en el otro aullaban contra la presión del comunismo. Querían que la sociedad civil se librase de la presión del núcleo familiar por un lado y por el poder político en el otro. Lo intentaron pero no vencieron. Fue un paso importante para saber que la lucha de los jóvenes es posible pero sólo si es continuada.

El término medio era la lucha. Los universitarios de 1968 querían conseguir un estado protector pero que diese a sus ciudadanos manga ancha, que no los aprisionase como oprimían el comunismo soviético y el liberalismo extremo del otro bloque. Pero ¿donde está hoy dicho término medio?

Como hemos conseguido avanzar y tenemos una vida cómoda, ya no queremos luchar. ¿qué hacen los universitarios de 2008? ¿no tienen nada por que luchar? Creo que hay tantos sectores donde el frente está abierto, un mundo patas abajo, que ya no sé si hay un pesimismo tal que se cree que nada puede cambiar o una indiferencia tal que ata y mata el radicalismo de los jóvenes. Y lo peor, no sé que es peor

Uno tiende a moderarse con la edad. A los 40 se es siempre más conservador que a los 18. Entonces, ¿que ocurrirá dentro de 20 años cuando los jóvenes pasotas, pesimistas, moderados de hoy maduren? Si hoy son conservadores, ¿que serán mañana? ¿qué seremos mañana?

Mi alma sigue sintiendo ilusión por las revueltas y rememorar aquel mágico mayo del 68, me hace conservar la esperanza. Lo que una vez ocurrió, tal vez pueda volver a suceder. Brindemos por ello.

Aqui va, uno de mis recuerdos, de mis 16 años y mi alma revolucionaria:

Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.

Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

Ismael Serrano

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España a la francesa

8, Mayo 2008 · 5 comentarios

Me he cegado con meterme con nosotros mismos. Seguro que a muchos no les gusta que mi blog hable en ocasiones con desprecio de los españoles pero es que no puedo evitarlo. Pero, no creaís, yo soy también víctima de mis ataques orales. Soy una españolita más, con los vicios y defectos con los que se nace en esta sociedad. Te revelas, pero casi siempre de boquilla. Los que criticamos, en muchos casos, al analizarnos en detalle, vemos que nos sale la vena.

Bueno, a lo que iba. Que tampoco lo siento, sí, mi intención es que se ofendan los que se sientan ofendidos. Ni más, ni menos.

Hace una semana, bueno, el 2 de mayo, celebramos los 200 años del levantamiento del pueblo español en la Guerra de la Independencia. Y ese es el tema. Yo no tengo nada que celebrar. Para mi es una equivocación mayor del pueblo español. Tranquilos, ¡que nadie me muerda! Voy a argumentarlo con mis razones, y a quien no le gusten, pues que se rasque.

La revolución francesa fue un punto y aparte en la historia del mundo. Gracias a la revolución, el Estado, el Gobierno y la sociedad mundial son los que son. Hay que reconocer que fue violenta, pero toda revolución lo es. Y en aquel tiempo, se demostró que era la única forma de avanzar.

Pocos eran los españoles afrancesados, pero los que lo eran tenían sus motivos. Superar al maldito absolutismo, o aquello que se llama “despotismo ilustrado”, era imprescindible para el crecimiento del ser humano en sociedad, con todo lo positivo y negativo que eso podía traer. España tenía que haberse unido al movimiento francés. Pero nunca hemos sido un pueblo valiente aunque nos vendan lo contrario. ¿Quien se iba a atrever a cuestionar a Carlos IV y a Fernando VII? Nadie. El pueblo se sentía protegido, el analfabetismo era tal que pocos eran los capaces de hacer análisis críticos. Ojala los liberales de “La Pepa” hubiesen sido afrancesados, hubiesen defendido la separación de poderes. Puede que España no se pareciera en nada a la actual, que viviesemos en una República y tuvieramos muchas más conciencia política y social.

Lo impuesto no gusta, y eso pasó. Le costó entenderlo a Aznar, y le cuesta entenderlo a muchos otros. Los sistemas políticos buenos sólo funcionan si la sociedad en la que se van a implantar los desea. ¿cómo pudo el señorito defender la Guerra de Irak y no defender la invasión de Napoleón? Se contradice, ¿verdad?

No digo que José Botella tuviera que haber gobernado España, no digo que nos invadieran. No es esa la filosofía de este post. La idea es que los españoles tenían que haber apoyado a la revolución francesa, tenían que haberse enfrentado al sistema.

Miro Francia y siento cierta envidia. Miro su sistema social, mucho mejor que el nuestro aunque nos duela, miro su sensibilidad política y su capacidad de movilización (todos sabemos que en Francia un colectivo convoca una huelga, y Francia se paraliza) y siento una envidia profunda. Es verdad que no es un país idílico pero su avance como sociedad ha sido más positivo que el nuestro. Les llevamos años de retraso y siendo vecinos no hemos seguido un camino paralelo por nuestro caracter. Españoles ante todo, aunque sea para mal.

Es verdad que Napoleón era un loco desquiciado pero a Francia no le ha ido nada mal. Quizá nuestra historia y nuestro futuro hubiesen sido tan diferentes si ese 2 de mayo el pueblo hubiese sido afrancesado y Fernando VII hubiese huido para no volver. No puedo entender que fuera “el deseado”, ahí está nuestro fracaso.

En la España afrancesada que imagino, el paro no se habría ido al garete por su abuso, los sueldos serían más altos, también las pensiones de jubilación, la gente no compraría casas, las alquilaría y no nos preocuparía una crisis inmobiliaria, el salario mínimo superaría hoy los mil euros y nuestra seguridad social sería idolatrada por muchos.

No digo, que sean perfectos. Tienen a la derecha en el poder, un presidente cuestionable, revoluciones de inmigrantes, sí, pero aún así tenemos que envidiarles.

Estoy segura que esto lo imagino, sólo porque no pasó. La condición humana es quejarse y compararse, si tuvieramos una historia y un presente paralelos a los de Francia, seguro que me comparaba con mi idealizada Suecia, el país con mejor sistema del bienestar del mundo.

La historia es la que es y quizá debíamos seguir el camino que seguimos, pero dejarme el derecho al pataleo y que no celebre el 200 aniversario del 2 de mayo.

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Rosario, la Dinamitera: una razón más para la defensa de la memoria histórica

7, Mayo 2008 · 2 comentarios

Rosario, la Dinamitera, falleció hace unas semanas. La musa de Miguel Hernandez murió a los 88 años. Pero, ¿Por qué he decidido hablar hoy sobre ella?

La verdad es que es por ella y por todos aquellos que dieron su mano, su pierna o su vida por defender en lo que creían. España les debe mucho, todos les debemos mucho. Nuestro sistema actual es tal gracias a la 2ª República y a todos aquellos que lucharón hasta el final por ella. El fascismo venció y con ello supuso el olvido de tantos heroes y heroinas.

Rosario llegó a Madrid y se hizo militante comunista antes de que estallara la Guerra Civil. Cuando comenzó la guerra tenía diecisiete años y se incorporó a las Milicias Obreras del Quinto Regimiento. Rosario, como cualquier chica de su edad, no conocía nada de instrucción militar ni de artillería. Con las milicianas republicanas, entre ellas Angelita Martínez, Consuelo Martín, Margarita Fuente y Lina Odena, participaron por primera vez en el frente y armadas, lejos de las tareas clásicas de auxiliares y enfermeras de la mujer en la guerra. Tras dos semanas de enfrentamientos, en las que lograron contener a los rebeldes nacionales, la guerra en la sierra dejó de ser una batalla abierta para convertirse en una batalla de posiciones y fue destinada a la sección de dinamiteros, fabricando bombas de mano caseras. Allí, manipulando dinamita, perdió una mano al estallarle un cartucho, acto cantado por Miguel Hernández en el poema Rosario, dinamitera. Herida de gravedad, la operaron en el hospital de sangre de la Cruz Roja en La Cabrera, donde consiguieron salvarle la vida.

En aquel momento era la única mujer dinamitera. La pérdida de su mano la hizo más fuerte y luchadora. Siguió combatiendo hasta el fin de la guerra cuando tuvo que huir con su padre. Los capturaron y ella fue encarcelada y condenada a muerte. Al final, le conmutaron la pena a cambio de 30 años de prisión.

En la democracia se le concedió un estanco, debe ser por agradecimiento, por dar su mano a cambio de la democracia y la libertad. ¡Que ironía!

No entiendo nada. Nada de lo que ocurre en este país, de cómo somos capaces de mirar a otro lado, de echar tierra a las heridas. En otros países con historias igual de terribles que la nuestra se penalizan y prohiben partidos que defendieron la barbarie, que aniquilaron los derechos humanos. Hacen homenajes a las víctimas y les dedican un gran espacio en la agenda. Incluso, el mundo quiso reconocer a otras víctimas y les entregó un país (ya dije mi opinión al respecto hace poco). Yo no pido tanto.

Reclamo un reconocimiento a Rosario, a las Trece Rosas y a tantas y tantas mujeres, y a tantos y tantos hombres que murieron, fueron asesinados, torturados, exiliados por sus ideas en nuestro país. Que se dedique un espacio cultural, en las calles, en los institutos, en las universidades. Repito uno de mis lemas: “el pueblo que olvida su historia, se ve condenada a repetirla”. El conocimiento de lo que ocurrió no debe ser tan sólo en la clase de historia. Tiene que haber jornadas, conferencias, actos dedicados a los defensores de la patria. Por que ellos son los que realmente la defendieron ya que España es una tierra libre, que lucha por mejorar, por respetarse a si misma, gracias a ellos.

Y lo que más colma mi paciencia, que me hace gritar y enfurecerme es que nadie persiga ni impida que partidos como la Falange sigan existiendo y puedan presentarse a las elecciones. No voy a meterme si estoy o no de acuerdo con la Ley de partidos (tengo que dejarme temas para otros posts), pero si existe y está vigente es para que se aplique a todos por igual. Si Batasuna es ilegal, otros partidos que defienden y abogan por la violencia deben ser también ilegales.

¿Cómo es posible que haya partidos como España Nueva, la Falange? ¿Como es posible que nadie se revele? No comprendo que a nadie le parezca mal. Y entiendo que muchos de nuestros abuelos se revuelvan en su tumba.

¿Cómo es posible que si defiendes la Ley de Memoria Histórica te acusen de comunista? Apoyar la defensa de la memoria histórica es un sintoma de demócrata, de justo, de digno, pero no de comunista. Es muy triste que determinados medios de comunicación sigan en la defensa de las dos Españas cuando lo pertinente es enterrar a la dictatorial, la fascista y la injusta. Sólo debe existir una España, la de la democracia y el respeto, pero también la de la justicia. Un país no puede crecer si aún tiene escondidas fosas comunes, si no reconoce a sus heroes y si no castiga a los culpables.

Si, muchos, dirán: “eso provocaría otra guerra civil“. Eso dijeron en la transición, para que tragasemos tantas cosas que provocarán problemas durante años. Sí, nos amenzan los pocos que quedan. Nos chantajean y bajamos la cabeza. Lo hicimos, lo hacemos y lo haremos. Me duele pero me resigno, debe ser la condición del español. La ley de defensa histórica no fua aplaudida como tuvo que ser y para poder ver la luz tuvo que rebajar su nivel de justicia ¿Pero cómo es posible?

Realmente no lo sé. La maduración de España como país está aún por llegar y estamos lejos, si señor, muy lejos. Y mientras no saldemos las cuentas con el pasado, la historia se cuente a medias y nuestras calles y parques conserven símbolos franquistas, no daremos ni un paso adelante.

Sé que no es mucho, que la sociedad debería haberte reconocido, a tí y a tantos otros, pero este es mi homenaje. Va por tí, Rosario.

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Otra historia es posible

5, Mayo 2008 · 2 comentarios

Hoy, leyendo el diario El País en Internet he encontrado un artículo que me ha parecido digno de comentarse aqui. Los autores de un comic basado en el “Informe sobre el 11-S” han publicado otro tebeo en el que se relata la “guerra contra el terrorismo” de Estados Unidos con visión crítica. ¿Por qué me ha parecido curioso?

Principalmente por dos cosas. Ambas tienen que ver con mi forma de ver el mundo, de pensar la historia, de entender el aprendizaje. Siempre he considerado que hay cosas que todos los adolescentes deben saber. Normalmente este sector de la población tiende a ver el mundo con los ojos de determinados medios de comunicación y determinadas empresas mediáticas. Están acostumbrados a un cine, música, series, juegos, que sólo muestra una parte de la historia, una parte del mundo. Siempre, incluso cuando era adolescente, creí que es necesario que los futuros dirigentes del mundo intenten comprender que ocurre aquí y allá, el porqué de las cosas, el cómo, el cuando. Imprescindible conocer que el mundo está lleno de colores, que nada es blanco ni negro, sobre todo a esa edad. Por eso, estas iniciativas me parecen brillantes. Los jóvenes debemos saber que ocurre. Necesitamos saber que fue el 11 de Septiembre, por qué se produjo, qué es la guerra al terrorismo, que es Guantánamo, y tantas otras cosas que ocurren en todas las esferas de este mundo.

Creo que este comic y otras formas de conocer otras realidades son de obligado conocimiento. Todos los institutos o universidades del mundo deberían imponerlo como lectura obligatoria en Historia, también documentales, películas, o cualquier otro material que nos exponga otras formas de comprender el mundo, cuestiones críticas con la realidad, pero siempre dejando claro que es parte de la verdad, no la verdad. Que los adolescentes empiecen a recibir muchas visiones de un mismo acontecimiento, para que se vuelvan críticos, para que quieran informarse, para que les pique la curiosidad.

Pero, no sólo me ha interesado esta noticia por mi empeño de que el mundo sepa que nada tiene una única causa, sino que cada acontecimiento lleva enmarañado una gran cantidad de razones, motivaciones y consecuencias. Otra de mis razones para reseñar tal tebeo crítico es que desde hace años creo y defiendo que hay que hacer la historia interesante a la población, para hacer la historia algo vivo, algo presente en nuestras vidas, para aprender de ella y evitar que se repita.

Amo la historia, sobre todo la contemporánea, la que está detrás de todo lo que vivo, de las cosas que leo y veo. Hace años tuve un profesor que me hizo amarla mucho más. Un profesor que me hizo ver como la historia es el presente no el pasado, que todo acontecimiento tiene causas, consecuencias, afectados. Este profesor tenía una forma particular de enseñarla. Nos hacía vivirla. Cada tema de historia universal contemporánea era analizado a través de películas, artículos de revistas y periódicos, música. Viví la Primera Guerra Mundial a través de Senderos de Gloria, la Revolución Rusa a través del Acorazado Potemkin, la Segunda con La lista de Schindler, el mayo del 68 a través Bob Dylan y “Papá cuentame otra vez…” de Ismael Serrano. Nunca olvidaré lo que aprendí, ni tampoco a ese profesor.

Este tebeo me ha refrescado esto. La historia hay que hacerla asequible a todos. Hay que acercarla a los jóvenes ya que son ellos los que tienen que hacerla, reconstruirla, aprender de los errores del pasado y ser críticos. Es fundamental que la educación tenga en cuenta esto y el profesorado ha de salir del discurso aprendido para atraer, para que la historia pueda apasionar, aunque eso les cueste más trabajo.

Este tebeo sobre el 11-M y la guerra contra el Terrorismo tiene alrededor de 150 páginas y está muy trabajado. Es una labor encomiable, digna de ser leída en todo el mundo. Porque no estoy defiendo la vulgarización de la historia, si no que los medios alternativos de darla a conocer estén trabajados, contrastados, que sean útiles y enseñen.

Lo que se ve nunca se olvida: una imagen vale más que mil palabras. Es importante que conozcamos la historia, toda, la que nos cuentan unos y otros, pero esto conlleva un esfuerzo. Un esfuerzo que merece la pena. Si somos capaces de ver más de una verdad, seremos capaces de respetar, poner en marcha y defender que el mundo está compuesto de muchas verdades y que la única forma de avanzar es a través de la solidaridad, la tolerancia y el respeto mutuo.

La historia no es un libro, es una película, una canción, un artículo, una novela y, por supuesto, un comic. Vivamos las historias, todas, otras, las diferentes, las críticas. Aboguemos por otra historia

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