Al revés world

Los inmigrantes siempre en el punto de mira

20, Mayo 2008 · 1 comentario

Para la desgracia del ser humano, hoy vuelve a ser noticia la desidia, la crudeza de personas contra personas sólo por el hecho de ser de otro país, de otra raza. La inmigración, la única vía que tienen las personas en sus propias manos para salir de la extrema pobreza, vuelve a ser juzgada, vapuleada una vez más en la historia.

Italia y Sudáfrica están bajo las armas de la xenofobia.

En Sudáfrica, los pobres están castigando a los inmigrantes por sus problemas. Tal y como hacemos en occidente. Resulta, pues, que es un mal universal, ese de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. ¿Por qué todos los pueblos cuando su economía está en crisis acusan al débil, al inmigrante? Es el poder de la ignorancia, la respuesta fácil de unos y la respuesta envenenada de otros que quieren aprovecharse políticamente del discurso. ¿Por qué no hay análisis profundos? Esos que miran su ombligo, que ven los fallos de su estructura social, las fugas de su economía, su debilidad como Estado. No entiendo que la gente sea capaz de matar por problemas económicos y responsabilizar a otros de sus problemas, cuando la única solución del paro, de la criminalidad, la tienen ellos mismos en sus manos, especialmente en países democráticos.

No entiendo que los sudafricanos hayan sido capaces de perseguir y matar a otros seres humanos por ser inmigrantes, por haber nacido en países vecinos. Me duele el alma al pensar que no han aprendido nada en el transcurso de los años. El pueblo que sufrió el apartheid es capaz de reproducirlo en otras carnes. ¿Donde está su memoria histórica? ¡Les está ocurriendo lo mismo que a los judíos de Israel! ¿Cómo es posible? No entiendo al ser humano, de verdad, ¿porque tropezamos incesantemente con la misma piedra?

El poder de la palabra es capaz de tanto bien pero también de tanto mal. Es utilizada en medio mundo para convencernos del mal de la inmigración. También en Italia. Mientras el gobierno sudafricano intenta calmar a los inmigrantes y protegerlos en Iglesias y comisarías, el gobierno italiano enciende con palabras los ánimos.

En Sudáfrica son inmigrantes legales e ilegales, en Italia son gitanos rumanos. Da igual de donde sean o de que raza sean, lo importante es que son seres humanos.

El caso de Italia también se las trae. Dentro de Europa sorprenden estos ataques xenófobos, las pocas represiones de estos ataques y las políticas migratorias que quieren cargarse de un plumazo la libertad de circulación de personas en el espacio Schengen de la UE. Espero que alguien le frene los pies a Berlusconi y a los italianos que le votaron. Deben entender que “esos gitanos rumanos que tanto les molestan” son en primer lugar ciudadanos europeos y en segundo lugar y primordial, son personas.

¿Que nos pasa al ser humano? Llego a pensar que la canción de Ricardo Arjona que dice que ser humano rima con tirano y Tierra rima con guerra, puede ser la triste, dura pero pura realidad. O ¿es qué nos hemos vuelto todos locos?

De verdad, no se me ocurre ninguna solución. Ya, ya sé que si la tuviera sería Premio Nóbel de la paz o algo similar. A lo que me refiero es que por más que doy vueltas al asunto, no llego a ninguna conclusión razonable, sólo miles de ideas como estas, que van de un lado a otro sin un destino claro.

Me duele como persona, como ser humano, que no exista la empatía. La necesidad de dejarlo todo, tu casa, tu familia, tus amigos, tus raíces por sobrevivir, por comer y dar de comer a tus hijos debe ser por sí sola merecedora del reconocimiento de la sociedad que los acoge. Deben ser nuestros grandes héroes, con su sudor colaboran a hacer un mundo mejor, al desarrollo de sus países y al ahorro de nuestros bolsillos ya que ahorran dinero a nuestro Gobierno en ayudas al desarrollo, contribuyen a aumentar las arcas del Estado y a que nuestros índices de natalidad crezcan.

Hagamos una pequeña reflexión: ¿somos mejores por haber nacido en un lugar determinado?, algo que nosotros no decidimos; ¿somos mejores por ser de una raza o de otra, por tener trabajo, por tener más o menos dinero?. Los seres humanos nacemos todos de la misma manera, crecemos, vivimos y morimos ¿Por qué no somos iguales? ¿Por qué no sentimos compasión por nosotros mismos? ¿Por qué no nos ayudamos? Por favor, que en la respuesta individual de cada uno no aparezca la palabra dinero.

Categorías: derechos humanos · personas · política
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De mayo del 68 a mayo de 2008

20, Mayo 2008 · 4 comentarios

Aunque sé que estaréis cansados de oír y leer sobre mayo del 68 y su cuarenta aniversario, lo siento, dedicarle un post, justo ahora en mayo, es para mi una obligación.

Toda mi vida he vivido emocionada por las historietas de mayo del 68, las revoluciones en Latinoamérica, Paris, el black power y la primavera de Praga. Tuve mis primeros contactos en el instituto, mi adolescencia pasó entre libros y música sobre la fecha. Me encantaba repasar la historia y fue un diez sonoro en mis notas al llegar al tema.

Crecí leyendo biografías del Che, sobre las protestas de los estudiantes estadounidenses o sobre las primeras revueltas en la universidades españolas contra el franquismo, escuchando a Raimon, Labordeta o Paco Ibáñez en el Olimpia, y por supuesto, “Blowing in the wind” de Bob Dylan.

Sentí envidia de los jóvenes que corrieron por las calles de medio mundo, quería haber sido universitaria en La Sorbona, en Berkley y aunque suene duro también en México, Praga y Varsovia (con 16 años no pensaba que podría haber muerto en esos casos).

Quería la acción, la lucha por los derechos. Con 16 años creía que el mundo estaba parado, que se movió aquel mayo y desde entonces se había quedado quieto. Ahora que recuerdo, era 1998 cuando yo vivía en ese dilema revolucionario (casualidades del destino). Ahora que veo con perspectiva, soy consciente de que el mundo se ha movido, que cayó el muro de Berlín, que acabó la guerra de Vietnam y que ahora hay residencias mixtas universitarias en una gran parte del mundo.

Pero una parte de mi tiene ese mismo sentimiento. Veo injusticias día a día, en todos los lugares del mundo, desde Australia a España, desde Occidente a Oriente, del Primer al Tercer Mundo, y pocos son los que salen a la calle, los que se mueven, los que gritan.

Ya no siento esa nostalgia por lo no vivido pero siento esa punzada en el corazón por ver que las universidades no son lo que eran, porque ya no hay grandes movimientos.

Todos los movimientos del 68, los de Estados Unidos (black power y protestas contra la guerra de Vietnam), los de Francia, la primavera de Praga, y la revuelta de Tlatelolco, todos tuvieron su origen en los universitarios. Fueron los que se organizaron, salieron a la calle, gritaron, soñaron y a los que torturaron.

Esto es lo que más dolor me causa. Los universitarios de hoy tan apenas salen a la calle, desde Estados Unidos a China, todos asumen el poder establecido, lo respetan sin cuestionarse nada o por lo menos sin hacerlo público. Tienen mucho poder y así lo demostraron hace 40 años pero nos acallaron aquel mayo, parece ser que para siempre.

Hace días que veo la Universidad parada, parece que una gran parte de los estudiantes son incapaces de movilizarse por algo más que la prohibición del botellón. Las asociaciones universitarias cuentan a sus afiliados por decenas, pocas pasan la centena y para conseguir seguidores debes defender prácticas en empresas y no ideas.

Parece que el sentimiento individual ha ganado a la colectividad. El egoísmo de las sociedades liberales ha ganado la batalla al socialismo (al real no al soviético, ni otros). Lo social está en segundo plano y en días como hoy me hace sentirme, otra vez, con 16 años, con ganas de comerme el mundo pero con impotencia por la soledad, me parece que solo estoy yo, más cuatro gatos. Esta vez, lo que me consuela, es que cuento con mi blog y con quien me lea para decirme que no estoy sola, que aún hay gente que quiere darle la vuelta a este mundo al revés en el que no hemos aprendido nada.

Aquel mayo del 68, los jóvenes salieron a las calles del mundo para rechazar las dos formas de poder. Por un lado gritaban contra el liberalismo, en el otro aullaban contra la presión del comunismo. Querían que la sociedad civil se librase de la presión del núcleo familiar por un lado y por el poder político en el otro. Lo intentaron pero no vencieron. Fue un paso importante para saber que la lucha de los jóvenes es posible pero sólo si es continuada.

El término medio era la lucha. Los universitarios de 1968 querían conseguir un estado protector pero que diese a sus ciudadanos manga ancha, que no los aprisionase como oprimían el comunismo soviético y el liberalismo extremo del otro bloque. Pero ¿donde está hoy dicho término medio?

Como hemos conseguido avanzar y tenemos una vida cómoda, ya no queremos luchar. ¿qué hacen los universitarios de 2008? ¿no tienen nada por que luchar? Creo que hay tantos sectores donde el frente está abierto, un mundo patas abajo, que ya no sé si hay un pesimismo tal que se cree que nada puede cambiar o una indiferencia tal que ata y mata el radicalismo de los jóvenes. Y lo peor, no sé que es peor

Uno tiende a moderarse con la edad. A los 40 se es siempre más conservador que a los 18. Entonces, ¿que ocurrirá dentro de 20 años cuando los jóvenes pasotas, pesimistas, moderados de hoy maduren? Si hoy son conservadores, ¿que serán mañana? ¿qué seremos mañana?

Mi alma sigue sintiendo ilusión por las revueltas y rememorar aquel mágico mayo del 68, me hace conservar la esperanza. Lo que una vez ocurrió, tal vez pueda volver a suceder. Brindemos por ello.

Aqui va, uno de mis recuerdos, de mis 16 años y mi alma revolucionaria:

Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito
de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo,
y dulce guerrilla urbana en pantalones de campana,
y canciones de los Rolling, y niñas en minifalda.

Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis
estropeando la vejez a oxidados dictadores,
y cómo cantaste Al Vent y ocupasteis la Sorbona
en aquel mayo francés en los días de vino y rosas.

Papá cuéntame otra vez esa historia tan bonita
de aquel guerrillero loco que mataron en Bolivia,
y cuyo fusil ya nadie se atrevió a tomar de nuevo,
y como desde aquel día todo parece más feo.

Papá cuéntame otra vez que tras tanta barricada
y tras tanto puño en alto y tanta sangre derramada,
al final de la partida no pudisteis hacer nada,
y bajo los adoquines no había arena de playa.

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba
se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas,
y ya nadie canta Al Vent, ya no hay locos ya no hay parias,
pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Queda lejos aquel mayo, queda lejos Saint Denis,
que lejos queda Jean Paul Sartre, muy lejos aquel París,
sin embargo a veces pienso que al final todo dio igual:
las ostias siguen cayendo sobre quien habla de más.

Y siguen los mismos muertos podridos de crueldad.

Ahora mueren en Bosnia los que morían en Vietnam.

Ismael Serrano

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