Al revés world

Los biocombustibles,víctimas o verdugos

13, Mayo 2008 · 1 comentario

Los biocombustibles son un tema polémico, haya donde los haya. Se inventaron para solucionar los problemas de agotamiento de recursos e ir relegando al petróleo a un segundo plano y hoy son culpables de una crisis alimentaría sin precedentes.

En el último mes, las noticias que relacionan biocombustibles y subida de precio de los alimentos se han disparado. El relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación, Jean Ziegler ha llegado a afirmar que “el mercado de los biocombustibles están causando un gran crimen contra la humanidad”. Y ayer, también, el Banco Mundial hizo alusión al tema solicitando que no se incremente la producción de biocombustibles.

En un primer momento, en mi teoría paranoica del mundo, creí que todas estas noticias eran generadas por una conspiración de las petroleras y su círculo. Creí que era una campaña de desprestigio para desdeñarlas del mercado por el momento y como actualmente, no hay otro recurso verde que sustituya a los biocombustibles, el petróleo seguía siendo la mejor opción. Ya conocida y no causante de hambrunas mundiales.

Ya sé que es una locura. Ahora soy consciente, pero me costó asimilar que las gigantes petroleras no estuvieran detrás. Que en el fondo si lo están. Son ellas las que han provocado la guerra de precios de las materias primas de los biocombustibles, y con eso han sembrado males por doquier.

Por un lado, muchos países subdesarrollados, especialmente del sureste asiático, están destruyendo sus espacios naturales, incluyendo selvas y bosques, para crear plantaciones para biocombustibles. La consecuencia de esto es justo la contraria de lo que se desea conseguir con los biocombustibles: los bosques y selvas limpian más el aire de lo que lo hacen los cultivos que se ponen en su lugar.

Además, la utilización de fertilizantes y agua necesarios para los cultivos genera un problema a corto y largo plazo terrible. Varios tipos de fertilizantes tienden a degradar los suelos al acidificarlos. El consumo de agua para el cultivo supone disminuir los volúmenes de las reservas y los caudales de los cauces de agua dulce. La escasez de agua potable en el planeta no es algo nuevo, pero si además lo fomentamos, el problema puede agravarse por mil.

Y, el más grave, es la subida de precios de los alimentos y, por tanto, la provocación de una crisis alimentaría que afecta, como de costumbre, a los más pobres. Al comenzar a utilizarse suelo agrario para el cultivo directo de biocombustibles, en lugar de aprovechar exclusivamente los restos de otros cultivos (en este caso, hablamos de “biocombustibles de segunda generación”), se ha comenzado a producir un efecto de competencia entre la producción de comida y la de biocombustibles, resultando el aumento del precio de la comida. Los fabricantes de biocombustibles, además, pagan por encima del precio los cereales necesarios para la fabricación, lo que conlleva que los agricultores del mundo prefieran plantar dichos productos para biocombustibles antes que para comida.

Pero al final, mi teoría descabellada, no me lo parece tanto. Los biocombustibles son una solución para el futuro del planeta, pero no los que se utilizan actualmente y que han desestabilizado el orden natural de la producción agrícola mundial. Son los biocombustibles originales, los que se pensaban utilizar en un principio pero que fueron desechados por las grandes productoras de combustible.

Son los combustibles conocidos como de segunda generación, aunque en realidad son la idea original de dichos combustibles verdes: la reutilización del desecho de cosechas y cultivos, que no serán de consumo humano. Los biocombustibles de segunda generación pueden producirse a partir de fuentes no alimentarías como residuos agrícolas (paja) y desechos de maderas.

Si esta opción existía desde un principio ¿por qué no se utilizó desde un primer momento? Ahora querrán venderme que no se sabía, que jamás se pensó que se produciría una crisis alimenticia. Y yo puedo creérmelo o no, y puedo pensar que sólo soy una paranoica más entre algunos de los que ven el “mundo de culo” o cuestionarme las cosas que leo y veo, práctica poco habitual en la sociedad en que vivimos, y dudar que todo lo ocurrido no haya sido un plan estratégico para darle mala fama a los biocombustibles, y aunque se enriquezcan con ellos, seguir dándole salida al petróleo.

Bueno, déjenme divagar. Aunque si por un segundo, mis dudas tuvieran un mínimo de realidad, las grandes empresas de combustibles habrían conseguido su objetivo. La sociedad ha oído y juzgado: los biocombustibles son el nuevo mal del siglo XXI, causantes de hambre y, en realidad, nada ecológicos. ¿Quien va a convencer al mundo, después de tanto bombardeo, de que existen los biocombustibles de verdad? Los que no provocarán hambre, los que no contaminan ni agotan los recursos de agua potable, esos que utilizarán lo no servible para hacer que el mundo siga consumiendo.

Y otra cuestión, que el mundo se plantee una reducción de su consumo es una locura ¿verdad? ¡qué cosas se me ocurren!

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No a la X en la casilla de la Iglesia

13, Mayo 2008 · 4 comentarios

Muchos vais a pensar que soy cansina, pero es que, la verdad, la situación de la Iglesia Católica española y sus medios económicos y de comunicación me crispan los nervios.

No puedo entender que con una Constitución tan clara como la que tenemos (con respecto a la inexistencia de una religión estatal, por que en otras cosas ya sabemos lo confusa que es), sigamos cometiendo atrocidades como la figuración de la Iglesia católica en la declaración de la renta.

Actualmente, vemos en la mayoría de los medios de comunicación publicidad para convencernos de que marquemos la X en la casilla de la Iglesia o de fines sociales. Estas casillas, como sabréis, suponen que el contribuyente decide donar un 0,7% a la Iglesia o a ONG’s.

Os preguntareis ¿porqué te molesta que se de un 0,7% a la Iglesia si el contribuyente que lo decide da una parte de sus impuestos y no de los tuyos? Pues, muy sencillo. Me molesta que exista esa opción como tal. Creo que la gente que marca una X en la Iglesia, deja de marcarla en fines sociales (pocos son los que marcan ambas), lo que significa que muchos actos sociales dejan de hacerse anualmente.

Aparte de eso, que tiene una contra argumentación ya que no todos los que marcan la Iglesia marcarían los fines sociales de no existir la primera opción, existe otra causa para mi reticencia. El Gobierno está tratando con prioridad a una determinada Iglesia cuando, claramente, la ley dice lo contrario. Puedo tolerar, aunque no comprender, que, como Estado aconfesional, el Gobierno acepte que la Iglesia figure como receptora de un 0,7% de los impuestos de algunos contribuyentes, lo que no tolero es la discriminación, que sea la Iglesia Católica la receptora de ese 0,7%. Un contribuyente católico debe tener el mismo derecho a ceder una parte de sus impuestos a su iglesia, como un musulmán, un judío o un hindú. Pero no es así, un musulmán no podrá ceder su 0,7%, tampoco un protestante, judío, un hindú o cualquier persona de religión diferente a la católica.

Entonces, si esto es una realidad, ¿por qué tanta hipocresía? ¿Por qué se dice, incluso en ley sagrada de la democracia, que España no tiene una religión estatal cuando de hecho si la tiene? Esta es una de esas infinitas ocasiones en que los hechos no coinciden con el derecho.

No sería mejor que el Gobierno predicase con el ejemplo. Que la izquierda sea izquierda, aunque sólo sea por una vez, y elimine la dichosa opción convirtiendo al Estado español en un verdadero Estado aconfesional, sin religión estatal. Me gustaría que el partido socialista fuera valiente y se enfrentase a ese poder fáctico tan poderoso en este país e hiciese lo que tiene que hacer, por los fines sociales y por el respeto a la verdadera libertad religiosa de los ciudadanos, la de todos.

Mientras, esperemos que un porcentaje alto de ciudadanos rasquen sus conciencias (porque el bolsillo no es necesario en esta ocasión) y dediquen parte de sus impuestos a que ONG’s de muchos y diferentes sectores realicen una importante contribución a un mundo mejor a través de variados proyectos sociales.

En la campaña del IRPF del pasado año, el 22% de los contribuyentes marcó sólo la casilla de la Iglesia Católica, el 33,83% señaló exclusivamente la de fines sociales y el 11,36% apoyó ambas opciones (sí, se puede, pero ya he expresado, que aún así, me parece injusto). Ojala este año estas cifras varíen y que las personas que marquen la casilla de fines sociales superen el 60% al menos. Y, ojala, en años próximos, todo el mundo marque dicha casilla, no nos cuesta nada al bolsillo y hacemos un bien a la sociedad.

Pocos son los que lo aportarían con sacrificio, haberlos haylos, pero la realidad se impone, la solidaridad suele extenderse más cuando no nos supone nada, cuando no hay que moverse, cuando se hace desde el sillón de nuestra casa y no nos cuesta dinero. Es triste, pero el ser humano es así.

A pesar de esto, siempre hay héroes, héroes cotidianos que lo dan todo, hasta lo que no tienen, por mejorar el mundo paso a paso. Por ellos, por nosotros, por todos, marquemos la X en la casilla de los fines sociales, y solicitemos al Gobierno, por justicia, por respeto a la Constitución, que elimine de la renta la de la Iglesia. La religión, perfecta, pero cada uno en su casa y la que quiera.

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